A la venta la tiara preferida de la duquesa de Alba: por qué se desprendieron de ella y su millonario precio

Internacional

El joyero de la casa de Alba no es tan conocido como, por ejemplo, el de la Familia Real, en el que se encuentran piezas tan célebres como la tiara Flor de Lis, la Prusiana o las pulseras gemelas de Cartier, pero también tiene alhajas muy famosas. Una de ellas es la conocida como ‘Tiara Rusa’, una joya que Cayetana Fitz-James Stuart llevó en algunos de los momentos más importantes de su vida y que al final, por circunstancias de la vida, salió de la familia pese a que era su favorita.
Así lo desveló la propia duquesa en sus memorias, Yo, Cayetana, en las que afirmó que había tenido que vender la joya para comprar un caballo de salto a su hijo Cayetano Martínez de Irujo (59 años). La tiara pasó entonces a formar parte de la colección del joyero americano Joseph Saidian & Sons y, al tiempo, llegó a las manos de la joyería M.S. Rau Jewels, su actual propietaria. 
Tras un tiempo en su haber, tal y como afirma Archivo de Joyas, la firma ha decido colgar el cartel de ‘se vende’ y ha tasado la diadema en 2,5 millones de euros, una altísima cifra que aumenta su exclusividad y la convierte en un artículo casi de coleccionista. 

La duquesa de Alba y Alfonso Díez en una imagen del año 2012.

Gtres

EL ESPAÑOL se ha puesto en contacto con el investigador y maestro joyero Pablo Milstein, que cuenta con más de cuatro décadas de experiencia en el sector. En su opinión, pese a ser una tiara de gran valor, no cuesta la cantidad cifrada por sus actuales propietarios. «Dado el precio que ponen es imposible que la pieza que se vaya a vender, no lo vale», comienza explicando el experto, que añade que «su intención es no venderla».
«Cuando se tiene una pieza que no interesa vender se eleva el precio. No la quieren vender porque no necesitan el dinero y porque es un reclamo. La gente que entra a la tienda y ve una foto de Cayetana y la tiara y preguntan por ella, se asombran, piensan que es importante y les sirve de reclamo para comprar otra cosa», afirma.
Una publicación compartida de Archivo de Joyas (@archivodejoyas)
En cuanto a la tiara en sí, Milstein cuenta que se trata de una diadema de estilo kokoshnik que perteneció en el pasado a la casa Híjar, de la que descendía la madre de la duquesa, María del Rosario de Silva. Realizada bajo un patrón de diseño geométrico, «los diamantes de talla antigua y brillante que la componen se alternan en dos diferentes estilos de engaste y se unen en un solitario de interesante tamaño. El dibujo se repite hacia cada lado cinco veces», continúa. 
«Se supone que la pieza está firmada por la casa Ansorena, los cuales repiten un diseño de similares características en otra tiara, esta vez centrada con una gran esmeralda hexagonal destinada a los condes de Villagonzalo y que sigue perteneciendo a los descendientes de la familia», sentencia Pablo Mielstein.
[El misterio de la tiara que la reina Letizia nunca se pone: la curiosa explicación de los expertos]
Una joya creada para pasar de generación en generación y que lucieron varias mujeres pertenecientes a la familia Alba, más allá de Cayetana. De hecho, formó parte de las bodas de dos de sus hijos, pues tanto la esposa de Carlos Fitz-James Stuart, Matilde Solís, como la de Alfonso Martínez de Irujo, María de Hohenlohe, la llevaron en el momento de dar el ‘sí, quiero’.
Eso sí, para que lo hiciera la ya exmujer del duque de Aliaga hubo momentos de roces y tensión. «Era una joya muy querida y simbólica para la Casa y para mí», escribió Cayetana en su autobiografía. «Y Alfonso, duque de Aliaga, grande de España, era el primero de mis hijos que se casaba. Yo entendía que no eligieran un lugar más adecuado para su boda (se casaron en Marbella), pero que ella no quisiera llevar nuestra diadema me costaba comprenderlo, puesto que yo se la había ofrecido con todo el cariño y respeto a la tradición. Finalmente, la aceptó a regañadientes».
Fue a finales de la década de los años 90 cuando la casa de Alba vendió la pieza a Joseph Saidian & Sons, un joyero y anticuario de Manhattan que la tuvo en su haber durante décadas. Tal y como desvelaba uno de sus descendientes años más tarde a ABC, habrían pagado por ella más de 200.000 euros, una cifra alta pero muy alejada de la cantidad millonaria que se pide ahora.