Abraham Mateo: «Acabo de romper con mi novia y he compuesto las mejores canciones de mi vida»

Internacional

Transmite paz y buena vibra. Habla bajito, pero sus respuestas están cargadas de contundencia, y su discurso es sólido y maduro. Aprieta la mano fuerte al saludar, aunque desenvaina una mirada tímida tras los cristales azules de sus gafas de marca. Abraham Mateo (24 años) es una estrella internacional que nació en San Fernando, Cádiz, y a quien la fama zarandeó los cimientos de su existencia siendo sólo un niño hasta ponerlo al límite al cumplir 12 años, cuando sufrió un injustísimo acoso en las redes sociales, incitado por figuras influyentes de internet. Lejos de hundirse, se hizo más fuerte gracias a su familia y sus amigos. 
Ahora sigue a lo suyo -canta, baila, compone, produce, actúa- y se alía con Belinda (33) para reventar las radios y los escenarios con Me encantaría. EL ESPAÑOL se cita con el artista isleño en un hotel de Madrid y con él habla sobre su flamante single, moda, redes, amor y desamor, pues acaba de romper con su pareja.
Hablemos de Me encantaría, que dice que llevaba un año y medio en un cajón. ¿Estaba esperando el momento indicado o la persona idónea para sacarla?
Estaba esperando el momento y la persona, las dos cositas. Tenía esta canción hace un año y medio ahí, en el estudio, guardada en el ordenador como un tesoro y lo curioso es que, a día de hoy, me sigue sonando igual de fresca. Es más, incluso más ahora, porque como hay tanta influencia de música electrónica y pop, sentía que era el momento justo para lanzarla.
¿Y la persona?
¡Belinda! Ella era la persona correcta. Vi que estaba por Madrid, le escribí, vino al estudio y le encantó. 

Abraham Mateo y Belinda en el vídeo de ‘Me encantaría’

Salva Musté

¿Qué tal la experiencia de trabajar con ella?
Superchula, tío. Es una mujer con la que siento que tengo un montón de cosas en común. Hemos empezado los dos desde muy chiquititos, es muy exigente con lo hace, muy perfeccionista, muy creativa y me gusta mucho por la compatibilidad entre nosotros. Se quedó en el estudio hasta las cinco o seis de la mañana, estuvimos hablando de un montón de cosas que no tienen nada que ver con la música. Para mí es muy importante la conexión personal a la hora de trabajar con un artista.
Dice la última frase de la canción pronunciada por Belinda: Que hoy me siento flamenkita. ¿Tiene sentido eso viniendo de una mexicana? ¿No sería eso que llaman «apropiación cultural»?
En este caso en particular sí que tiene sentido porque ella nació en España y a ella le gusta mucho el flamenco. Lo siente dentro. Cuando escribí eso lo hice a propósito, por ella y también porque para ella he producido dos cosas: Un traguito y Flamenkito, que las produje para Belinda y Lérica. Lo de la apropiación cultural es una tontería, cada uno es libre.
¿Qué piensa usted de aquellos que dicen que la música pertenece a un sitio y que alguien de Jerez no pueda hacer rap o alguien de Sabadell no debería dedicarse al flamenco?
Lo veo una tontería, una chorrada. La música está para disfrutar y tener libertad de hacer lo que uno quiera, cuando quiera y a la hora que quiera. No creo que tenga mucho sentido eso. 
¿Ha sido usted víctima de esas críticas por ser de San Fernando y cantar pop y reguetón?
Siempre he hecho música más tirando a lo americano, sobre todo siendo más pequeño. Luego también tiré por el reguetón, y no pasa nada. Uno tiene que hacer lo que le pide el cuerpo y ya está.
¿En qué punto de su vida y de su carrera se encuentra? 
Estoy muy bien, más motivado que nunca. Me veo en el mejor momento de mi carrera, creativamente hablando, estoy componiendo las mejores canciones de mi vida, que van a salir próximamente. Todas mis vivencias personales y esa madurez se ven reflejadas en mi música. Y yo mismo, cuando me veo en directo, o en los vídeos, me veo mejor que nunca. Estoy disfrutando mucho con lo que estoy haciendo. Estoy encontrando una parte de mí muy interesante, que viene de toda esa influencia de los 80 y tal… Estoy experimentando más por ahí y me siento identificado con los looks, con los bailes, con esas melodías. Estoy muy feliz.

El artista Abraham Mateo en una sesión fotográfica.

Salva Musté

Ahora que habla de looks, ¿está a favor de la moda genderless?
Cuando me visto, me pongo lo que sea y me da igual. Sí que es verdad que trato de mantener ese look de los 80, que es muy vivo, con muchos colores, muy chulo, muy fresco. Veo que está de moda eso y me gusta lo que estoy haciendo.
¿Cómo gestiona un chaval tan joven un golpe de fama tan fuerte como el que usted tuvo a nivel internacional?
Nunca fui consciente de lo que me estaba pasando. Siempre he estado refugiado en la familia y en los colegas. Nunca he sido un niño de salir… o estaba en casa o estaba de gira. No era consciente. Sólo sabía que me estaba yendo bien. Obviamente, salir por la calle se me hacía complicado, pero nunca he terminado de sentirme una persona famosa. Siempre he estado tan pegado a la familia y los colegas. De hecho, algunos trabajan conmigo. Yo creo que es la clave para no acabar harto de esto y que se te suba la fama a la cabeza.
¿Ha habido gente a su alrededor que le ha bajado los humos?
Sí, mucha gente. Y, sobre todo, mi madre, que siempre ha viajado conmigo, desde chiquitito. Ella forma parte de mi equipo de trabajo. Mi mama-mánager, como yo le digo. Ha sido una forma de estar centrado y no sentirme lejos de casa. Ella ha sido mi casita portátil. Gracias a ella nunca he estado alejado de mis raíces, siempre he estado enfocado en lo mío.
Hace poco confesó que sufrió ciberacoso en redes. ¿Cómo sobrevive a eso alguien para quien esas herramientas son tan importantes en su trabajo?
Me daba mucha pena, tío, porque era una cosa que sólo me estaba pasando en España. Cuando viajaba a Latinoamérica, esos vídeos pasaban desapercibidos y notaba que había otro trato por parte de los youtubers y los influencers de allí. Me daba mucha pena que aquí se comentaran otras cosas y no se le diera importancia a lo que estaba haciendo. Influencers y youtubers de aquí incitaron al odio contra mí.
¿Qué edad tenía usted?
Yo tenía 12 años por aquel entonces y subía vídeos, como cualquier chaval, de tonterías, pero como estaba en el ojo del huracán me tocó a mí comerme ese bullying. Gracias a Dios, eso ya no está. Sabía que en algún momento tendría que hablar de todo eso, de cómo me he sentido a lo largo de todos estos años, y saqué un tema que se llama Sigo a lo mío, donde me desahogo y cuento todo lo que pasaba por mi corazón en ese momento. Me quedé a gusto. Con esa canción cerré un ciclo, muchos me pidieron perdón por privado. Fue un detalle por su parte.

Abraham Mateo se encuentra en el mejor momento de su carrera profesional.

Salva Musté

¿Encontró el bálsamo en la música o tuvo que recurrir a profesionales, como coaches o psicólogos?
Nunca he ido al psicólogo ni a un coach, creo que debería ir porque la salud mental es muy importante. 
Bueno, y porque su vida es un poco anómala, ¿no? No es como la de los demás.
Ya, pero mis psicólogos han sido personas de mi equipo de trabajo, mis bailarines, mi mánager, mi familia a través de FaceTime, pero sí que es verdad que no descarto ir. La clave ha sido no echar mucha cuenta a las críticas o los haters y refugiarme en mi familia. Para mí es lo más importante. Siempre me lo tomaba con humor, con mi hermano. Mira, me sé de memoria muchas de las parodias que me hacían y las recreamos muchas veces cuando estamos en casa. Es la mejor forma de afrontar los problemas.
¿Le apetece algo más allá de la música? ¿Cine, moda?
De pequeño hice varias pelis. En la película de Raphael, yo hice de Falín, cuando él tenía 10 años. Y el siguiente Raphael era mi hermano. Fue muy gracioso. Y también hice Días sin luz, donde yo hacía de hermano de la protagonista y mi hermano hacía del otro hermano. Las dos experiencias que tuve en el cine, aparte de las series o cameos, me han gustado muchísimo. Me gustaría sentir adentrándome en ese mundillo, la verdad es que está muy guay.
¿Colaboración soñada?
Después de haber colaborado con Jennifer Lopez y 50 Cent, te puedo decir que los sueños se cumplen. Así que voy a apostar por lo más alto: Bruno Mars.
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 Si tuviera que ir hoy a un concierto, que no fuera uno suyo, ¿de quién sería?
De Justin Bieber. Nunca he ido a un concierto suyo, pero hemos crecido, más o menos, a la par. Siempre he escuchado su música y sería muy guay. Siento que tenemos muchas cosas en común y me gustaría verlo en directo.
¿Cuál es su relación con la prensa del corazón? Muchos compañeros suyos, cantantes, son seguidos por los medios porque sus fanáticos quieren saber con quiénes salen o de quiénes se enamoran. 
Por ahora siento ese respeto por parte de los medios. Yo tampoco suelo publicar nada de mi vida personal, siempre estoy enfocado en lo profesional, en la música, y yo creo que a lo mejor esa energía se capta, se siente. Por ejemplo, nunca he publicado nada con ninguna chica ni con ninguna pareja. Siempre he querido que todo el foco de atención que genere mi nombre se centre en mi música y en lo que yo hago. No digo que algún día no lo comparta, pero quizá cuando ellos vean que yo comparto cosas más íntimas, todo se vuelve más complicado.
¿Se sentiría incómodo si se viera en la portada de una revista con la persona a la que ama?
No sé, yo entiendo el trabajo de ellos. Lo respetaría. A lo mejor no me haría gracia en algunos momentos porque quiera estar tranquilo y me encuentre ahí el jaleo, pero lo entiendo. 
¿Tiene pareja ahora?
Ahora mismo estoy soltero. Yo, todo lo malo, lo transformo en cosas buenas. Y en este caso, tras haberlo dejado, he compuesto las mejores canciones de mi vida. De todo lo malo se saca algo positivo. Y tras la ruptura he compuesto unos temazos increíbles. 
El disco más vendido del Siglo XXI es 21, de Adele, y ella dijo que después de que su pareja la dejase, compuso las mejores canciones de su existencia, nacidas del dolor y el desamor.
Y me lo creo. Me lo creo porque yo estoy experimentando que es cuando mejor se escribe y cuando mejor se compone. Estoy deseando que la gente escuche lo que estoy haciendo, tío, porque nace desde la realidad. Nunca he hablado tanto de mis vivencias personales como ahora.