Cayetano y Genoveva, separados en lo emocional, unidos en los negocios: así es su desconocido proyecto

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Pese a llevar divorciados 15 años, Cayetano Martínez de Irujo (59 años) y Genoveva Casanova (45) pueden presumir de haber conseguido tener una relación excelente, de familia, marcada por el cariño y la admiración mutua. Pero su relación va más allá de lo personal, también están unidos en lo profesional, donde también han demostrado entenderse a la perfección. Su último proyecto conjunto les está dando muchas alegrías y acaban de recibir un premio a la excelencia empresarial en Madrid.
Se trata de un antiguo cortijo del siglo XVI, perteneciente al gran patrimonio inmobiliario de la Casa de Alba, que han rehabilitado para convertirlo en un alojamiento exclusivo de turismo rural, donde también se pueden celebrar eventos y experiencias en plena naturaleza. Cuenta con cuatro magníficas habitaciones y una suite, cada una de ellas con un baño independiente. La decoración de las mismas tiene vestigios de la familia y especialmente de la vida de la pareja.
Esta antigua posada, que en su día figuraba como la última parada de diligencias en el recorrido entre Écija y Sevilla, dispone de un precioso salón-tablao, ideal para celebrar reuniones así como para disfrutar de comidas y cenas, y otras zonas comunes como la cocina y porches con techos de madera. En el exterior, impresionantes vistas en una extensa finca, piscina incluida. 
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Estancias del cortijo.

EL ESPAÑOL ha hablado con la propia Genoveva para conocer de cerca todos los detalles de este nuevo negocio, que pusieron en marcha el año pasado y que está funcionando muy bien. «Es un proyecto muy bonito. Hace varios años Cayetano me habló de que quería construir un cortijo nuevo y entonces yo le propuse ir a ver el cortijo de la Motilla, que es una antigua posada del siglo XVI, que está al lado de Carmona y tiene unas vistas maravillosas. Está muy pegado a la carretera y le dije: ‘Yo creo que esto tiene todos los pluses que puedas pensar’. Fuimos a verlo juntos y estando ahí de pie con el atardecer de fondo él también vio que era el lugar ideal».
Este fue el principio de un proyecto que ha llevado su tiempo y también mucho esfuerzo. «Antes sólo estaba el tablao flamenco y también teníamos las yeguas y los caballos retirados, nada más. Era como nuestro pequeño oasis para cuidarlos.  Entonces, Cayetano me dijo que me pusiera yo con el proyecto. A raíz de ahí, reconstruimos la posada, la restauramos entera, hicimos el jardín, hicimos habitaciones, la piscina, etc», cuenta Genoveva a este medio.
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Su papel en el proyecto ha sido muy activo, porque se ha ocupado de la mayoría de las cosas: «Me encargué de la decoración de las habitaciones e incluí muebles que teníamos los dos de nuestros viajes o de mi suegra, la duquesa de Alba». Las estancias tienen nombres de ciudades y países que ellos han visitado; por supuesto, una de ellas se llama México y tiene un poncho de Oaxaca enmarcado y lámparas y jarrones de Puebla. En el cuarto Castilla, una foto de Alfonso XIII dedicada y un escritorio que perteneció a Cayetana de Alba.
«Además de eso, también plantamos almendros e hicimos una serie de mejoras a nivel agrónomo. La empresa está enfocada a protección cultural y la incluimos en la oferta de turismo rural», añade Genoveva, que está muy orgullosa de lo conseguido: «El cortijo funciona muy bien y nos acaban de dar un premio a la productividad de la empresa, que ha mejorado en un 40 por ciento en un año». 
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La mexicana, que se define como una mente inquieta, se ha atrevido con todo. «Era nuevo para mí, porque hay muchas cosas que no había hecho nunca. Me resultó apasionante porque, además, me tocó aprender de todo. Desde arquitectura, decoración, cosas del campo, de turismo…», confiesa, al tiempo que reconoce que Cayetano ha colaborado mucho. «Gracias a Dios que le tenía a él, que como jefe no se le escapa ni una, pero ni una, es muy exigente».
Además del alojamiento, la pareja ideó otro tipo de oferta para los clientes como el alquiler completo para celebrar grandes eventos, tours por la zona, paseos en globo aerostático, masajes, clases de yoga o cocinero privado, entre otras cosas. El precio del cortijo, desde 621 euros la noche.