¿Cuál fue tu inspiración para adentrarte en el mundo de la educación y el
bienestar?

La docencia ha estado presente en mi entorno. Mi padre es profesor, y yo soy docente desde
hace más de 2 décadas, pasando por diferentes centros (institutos, centros privados y
universidades). El haber emprendido en un proyecto desde 2012, me llevó a ampliar mi
conocimiento porque detecté cosas que faltaban a mi alrededor en ese momento. En Grupo
Musarte, el centro que fundé, fui viendo talento y me pregunté ¿A dónde va a parar el
talento? Decidí investigar sobre las altas capacidades y la gestión del talento. Abrí un
gabinete psicológico y psicopedagógico junto al educativo de talento. Decidí especializarme
en un experto de inteligencias superiores y neuropsicología con las más expertas del país.
Pero lo más importante es dar cabida a la potenciación de las personas desde cualquier punto
de partida y entender la educación y la parte de la psicología como un todo me parece
esencial. El talento humano y el talento de vivir es la clave de la vida.

¿Cómo has logrado combinar tu experiencia empresarial con la maternidad?
En mi caso, como en tantos docentes, era ser funcionaria y perteneciente al sistema
educativo. Y aunque empecé así, la vida me fue marcando por otro lugar. Se me fueron
cerrando puertas, me quedé a una centésima de una plaza pública, trabajé en diferentes
sectores educativos… Cuando ya parecía que tenía «esa supuesta estabilidad laboral» y
consideraba que era el momento de ser mamá y me quedé embarazada, cerraron el centro de
trabajo en donde estaba. Decidí emprender en ese momento. Pensé que haría algo para
compartir y enseñar a mi hijo. El amor hacia él me guió. No tenía conocimiento de la
empresa y tuve que sortear muchos obstáculos pero ahí comenzó todo. Con mi segunda hija
monté la clínica Despierta Motril y englobé todo en Grupo Musarte. Los comienzos de las
dos empresas más importantes de mi vida requerían de tener otras herramientas sobre todo
emocionales para poder gestionarlo todo bien. Por eso una de las cosas que me ha llevado
hasta aquí es ayudar a las familias a prepararse para con sus hijos en medio de situaciones
intensas laborales. Encontrar ese equilibrio de vida y ser un referente educativo para ellos.

¿Cuáles fueron los desafíos que enfrentaste al fundar Musarte y cómo los
superaste?

Los desafíos que me enfrenté al fundar Musarte fueron todos. Sabía de música y era experta
en eso pero en lo demás no. Gestionar una empresa requiere de liderazgo (autoliderazgo),
sistemas, personas, gestión financiera, planificación, comunicación eficaz y escucha activa,
mentalidad… y mucha autorregulación emocional. Decidí aprender tanto de desarrollo
personal para sostenerme en medio de un cambio tan radical, por otra parte aprender de la
empresa. Fui networker y aprendí lo más importante de las empresas. Le puse corazón y
mucho conocimiento. Leí cientos de libros y me formé con mentores. El equipo fue
creciendo. Estuve atenta a los cambios y tiempos, superamos la pandemia y la resiliencia y
los cambios nos han traído nuevas oportunidades de conocimiento y de crecimiento
abriéndonos al mundo digital a parte de la experiencia presencial.

Cuéntanos sobre tu metodología diamante y sus beneficios.
Lo que me motivó a crear la metodología diamante fue ver cómo todo lo que había aprendido
me había ayudado en mi maternidad y en mi emprendimiento, y sobre todo en la persona que
me había convertido en el camino. Pensé que poder ayudar familias desde esas herramientas
que tomé para que cada uno aplicase su mapa, le haría bien a ellos y a sus hijos siendo
personas más resilientes y brillantes, que no perfectas. La metáfora del diamante indica que
para brillar uno ha de ser auténtico y superar esos seísmos emocionales y turbulencias para
salir al exterior. Al final es aprender desde la inteligencia emocional, el desarrollo personal,
las diferentes inteligencias, descubrir tus fortalezas, talentos y habilidades y establecer un
plan de acción. Cuando aprendes a hacerlo, tu hijo también lo puede aprender. No podemos
dar lo que no tenemos, es por ello entrenarnos para ser esos influencers educativos que
nuestros hijos necesitan. Además, la vida ya en sí es como una empresa.

¿Cuáles son tus proyectos futuros para continuar apoyando a las familias en su
proceso de crianza y educación?

Mi idea es ayudar a muchas personas en el mundo desde esta filosofía. A través de la
formación digital, también desde las experiencias personales y utilizar esa red de apoyo e
inteligencia colectiva que somos las personas. Aprendo de cada persona que encuentro en el
camino, y sé que tenemos una vida y que merece la pena vivirla con intensidad y sabiduría.
Tuve la suerte de conocer este concepto por el prestigioso Robert Stermberg padre de la
psicología moderna y me encanta transmitir lo que he aplicado y me ha ido bien para que los
demás también en su mapa lo puedan aplicar. Nuestros hijos son el futuro y merecen de
nosotros la mejor preparación.

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