Sofía Vigiola, una de las mujeres de la vida de Carlos Marín, rompe su silencio: «Hablo con él todos los días»

Internacional

La de Sofía Vigiola y Carlos Marín es una de las historias de amor más grandes jamás escritas. La joven mexicana, que se niega a que la llamen «expareja» del malogrado cantante de Il Divo -en su país sólo lo eres si te lo piden expresamente-, ha esperado casi un año para conceder una entrevista a un medio de comunicación.
Según sus propias palabras, cuando EL ESPAÑOL la contactó, el pasado mes de enero, «era demasiado reciente». Sin embargo, «después de ir a verlo a su tumba a Madrid, de vivir mi luto, de cerrar un ciclo y de muchas tiradas de tarot, me animé a hacerlo. Eso sí, con la bendición de Carlos, con el que hablo todos los días».
«De las primeras cosas que me comentó es que fue bruja en su vida pasada y desvelándonos acerca de estos temas, resultó que yo soy bruja en esta vida. De él aprendí muchísimo sobre la espiritualidad, clarividencia y cómo dejar algo positivo en el mundo hoy en día. Teníamos un debate eterno porque yo no creo en Dios y él era un gran devoto, sobre todo de la Virgen María. Podíamos estar horas hablando de ocultismo. Yo hablo con él, le pido consejo, sueño con él… Sigue teniendo esa habilidad, se mete en mis sueños», expresa Vigiola.
[Muere Carlos Marín, cantante de Il Divo, a los 53 años]
Sofía es extremadamente sensible, una mujer especial a la que se le entrecorta la voz de la emoción al pronunciar el nombre de Carlos, el gran amor de su existencia. Desde su tierra natal, a siete horas de diferencia de nuestro país, y en el día en que Marín habría cumplido 54 años, la joven pone todo su empeño en intentar transmitir que la complicidad y la conexión con el artista, fallecido el 19 de diciembre, sigue tan despierta como el primer día que se conocieron. Pero ¿cómo se conocieron? ¿Cómo se desarrolló su relación? ¿Cómo acabó y por qué? 

Carlos Marín y Sofía Vigiola en una imagen cedida.

«Nos conocimos en septiembre de 2015 en Tulum, en Quintana Roo, México. Un año antes, yo había representado allí a mi estado en el certamen de belleza Miss Earth y al año siguiente, mi director me invitó a pasar unos días. Me fui unos días antes de que empezase el certamen para disfrutar de mi tiempo libre y al leer el programa vi que en la semifinal o en la final decía ‘invitado especial: Carlos Marín’. Llamé corriendo a mi director porque no me lo creía. En México hay un reportero muy famoso que se llama Carlos Marín y pensé que podía ser él, pero no, era Carlos de Il Divo», declara Sofía, una absoluta seguidora del cuarteto musical desde que era pequeña.
«Yo cantaba canciones de Il Divo con mi mamá antes de que ella falleciera. Il Divo siempre tuvo una cercanía muy bonita conmigo. Híjole, ¡qué ridícula me veía en ese entonces pensando qué me iba a poner de ropa! El día que se supone que lo iba a conocer, al final no pudo ser. Esa noche, al terminar una cena, vi que tenía cuatro llamadas de mi director, 26 llamadas de mis amigas, llamadas de un número que no conocía… Llamé a una de las niñas, me puso en altavoz, porque iba en la camioneta, y ahí escuché esa voz, ronca, española, ceceándome… Me dijo: ‘Hola, mucho gusto, soy Carlos Marín, no sé si me reconoces…’ Y empezó a cantarme un pedacito de Regresa a mí. ‘Tus amigos me enseñaron fotos tuyas, estoy ansioso por conocerte, no sé por qué no llegaste. ¿Podemos pasar por ti al hotel y nos vamos a una disco?’ Le dije que no. Yo había tenido un día pesadísimo y con todo el dolor de mi corazón, no fui», prosigue Vigiola.
El encuentro entre ellos se produciría días más tarde, en una cena, en el contexto del citado certamen de belleza. Había una mesa larga, cuenta Sofía, que además apunta que llegó tarde, «típico de mí». «Carlos estaba sentado en el centro y cuando pasé, lo sentí. A mí me tocó sentarme justo en la esquina de la mesa. Más tarde, a la hora del café y del postre y el tequila, a mi lado derecho veía cómo un cuerpo se asomaba así a la mesa… Y de repente dijo: ‘He estado viendo tus fotos desde hace días, he esperado y, ¿no vas a sentarte a mi lado?’ Nerviosa como nunca en mi puta vida, me levanté de la mesa y me acerqué. Cuando estaba a dos pies de distancia, me extendió la mano».

Sofía Vigiola en una imagen de sus redes sociales.

Entonces, ya no había vuelta atrás. En esa primera conversación, la magia -y de eso ellos dos saben mucho- del uno entró en el otro para siempre. Tras la charla, pasaron al baile. «Ahí fue el momento en el que dejé de tocar suelo. Me perdí para poder encontrarme en algo que estaba escrito para nosotros. Ninguno podíamos explicar lo que estaba pasando». La noche terminó, pero no para ellos. Al irse cada cual a su habitación, Marín consiguió contactar con Sofía y juntos se escaparon a una playa donde ella escuchó, en exclusiva, el disco Amor y pasión. «Me dijo que quería que una latina escuchara lo que pudo hacer con Il Divo después de que terminase su contrato con Simon Cowell. Puedo presumir de ser la primera mortal que lo escuchó. Antes que nadie», relata.
[Simon Cowell, creador de Il Divo, se despide de Carlos Marín: «Amaba la vida y le encantaba actuar»]
Aquella madrugada, en mitad de una playa de Tulum, escuchando la música de Carlos y embriagada por la romántica e insólita situación, Sofía le reta y acaban bailando un vals. «Yo no sé si mi mamá estaba ahí o si, efectivamente, puedo decir que Dios existe, pero empezó a llover y, de verdad, todo fue un cuento de hadas que no merezco. Algo muy bueno tuve que hacer en otra vida para que en esta se me compensara con lo vivido con Carlos. Ahí, justo, nos dimos nuestro primer beso».
El amor entre ellos nació entre las arenas blancas de Tulum y perdurará siempre, pero si hubiera que fechar su romance, habría que hablar entre septiembre de 2015 y finales de 2017, principios de 2018. «Fue un intento de relación. Era difícil, sobre todo por la distancia. Yo tampoco quería lastimarme. Él tenía mucho estrés, yo no podía ayudarlo todo quería. Nos frustrábamos ambos. En 2018 vino a México y juramos no hablar del tema, dijimos que sólo íbamos a pasarla lindo. Cumplimos. Nunca he conocido a nadie con tanta dignidad y palabra como Carlos Martín», apostilla Sofía. 
«Sé que él veía a otras mujeres en el mundo, pero es que cuando conocí a Carlos, yo estaba intentando recuperar una relación mía, y se lo dije: ‘¡Eres el peor triángulo amoroso que he tenido en mi vida, güey!’ Él me decía: ‘Quédate conmigo, vámonos a Madrid, a Maldivas, a Israel’. Su sueño era ir a Israel. Hablábamos todos los días, a él le encantaba hacer videollamadas».

Carlos Marín en una imagen tomada en agosto de 2018.

Fue este periódico el que publicó en el mes de diciembre que el cantante, miembro de Il Divo, se encontraba ingresado en un hospital de Manchester tras contraer la Covid-19 con severas complicaciones. Sofía Vigiola ha querido dejar claro en esta entrevista que Carlos Marín estaba vacunado contra la enfermedad. «Vino a México en marzo y se vacunó, creo que de la tercera dosis. Fue él el que me convenció a mí para hacerlo. Y él no lo hizo por sí mismo, sino por solidaridad, porque trabajaba con público, abrazaba a gente… Lo hizo por él y por todos. Era demasiado buena persona». 
Desafortunadamente, el 19 de diciembre nada se pudo hacer por él y Marín encontró la muerte: «Hacía tres semanas que no hablaba con él y me dijo que en diciembre y enero iría a Estados Unidos, y luego a México, que nos organizaríamos para vernos acá. Fue una plática de amigos, como siempre. En sus últimas conversaciones me contó que había terminado una relación en marzo o abril, que la niña, su pareja, le había hecho mucho daño. Me contó de ella cuando terminaron, no cuando eran novios. Era una chica venezolana que se quería casar con él a la fuerza y que se inventó que estaba embarazada. Era mentira. La tuvo que bloquear de todo».
«Vi que Il Divo había llegado a Inglaterra, le escribí y no me contestó. Era muy raro. Siempre me respondía. Esa noche, Carlos vino a mí en sueños y lo vi correr mucho. Me desperté inquieta, lo llamé y no le entraba la llamada. Entré en la cuenta de Il Divo y ya contaban que uno de sus miembros estaba hospitalizado. Le escribí y le puse: ‘¡Échale huevos, cabrón!’, porque él siempre me llamaba ‘cabrona’, que es una palabra muy usual aquí en México. A las 8 de la mañana del día siguiente, Il Divo hizo oficial el comunicado. Fue como si cayera a un lago congelado. La percepción que tuve fue horrible, como si estuviera envejeciendo muy rápido. Me atrevo a decir que ni siquiera con la muerte de mi mamá había sentido mi corazón hacerse polvo. No podía llorar del impacto, cargaba la página, no lo podía creer. ¿Qué le pasó a su cuerpo para querer abandonar así?», recuerda Sofía, que tiene que parar para tomar aire de la impresión.

Sofía Vigiola viajó a Madrid para despedirse de su amor, Carlos Marín.

Redes sociales

Poco después de la muerte de Carlos Marín, la joven mexicana decide viajar a Madrid no sin antes ser avisada, siempre según ella, por un millón de señales que le indicaron que debía hacerlo: «Siempre quise ir a Madrid, con Carlos, claro. Un día me contactó por Instagram una persona que resultó ser la última novia de él antes de que falleciera, una mujer brasileña. No sé por qué Carlos esperó a estar muerto para presentármela. Me hablaba mucho de ella, pero nunca me dijo su nombre. Esta persona se llama Juliana, me dijo que tenía un mensaje de Carlos y que él me mandaba a decir que fuera a un lugar persona e importante para los dos, que yo iba a encontrar el cierre que necesitaba: era Madrid».
«Agarré mis maletas, dejé de trabajar, dejé reuniones, dejé todo», comenta Sofía, que prosigue: «Eran demasiadas señales. Cuando llegué a Madrid me recibió un pájaro en la puerta del estacionamiento y supe que era Carlos. Siempre viene a visitarme en forma de pájaro o lluvia. Aquí se llama calandria, hay uno que se acerca y sé que es Carlos. Le pregunté si era Carlos y me dijo ‘pio, pio, pio’. Es él, no hay duda».
Su periplo hasta el cementerio de La Almudena no fue fácil, pero las pistas de Carlos continuaron. Decidió ir en bus en lugar de en metro y el chófer, sin tener ni idea de hacia dónde se dirigía, la avisó de la parada justo en la tumba familiar donde se encuentra Marín. «Hablé con él en su tumba como una hora, le dije que no me dejara sola. Le insistí en que no me dejara sola. Y justo en ese momento, en la tumba de enfrente, otro pájaro. Voló el pájaro y le dije: ‘Te dejo porque me estoy congelando, cuídame mucho por favor, salúdame a mi mami y a todos los que tengo ahí arriba’. De repente, una mujer detrás de mí me dice: ‘¿Viniste a ver a Carlos? Ah, yo también, me llamo tal, vivo en Estados Unidos, pero soy mexicana. Por cierto, ¿eres Sofía Vigiola?’ ¡No había forma humana de que en Madrid me conociera una persona! Nos fuimos juntas en Metro, nos despedimos y ahí le dije: ‘Ok, sí me estás escuchando, pero no era tanto a que me dejaras sola en Madrid, sino en la vida'».
Pero no era este el final del peculiar viaje de Sofía en Madrid. Tras ver el panteón de su amor perdido, visitó la Catedral de la Almudena y a la vez que sufría casi un Stendhal por la impresión arquitectónica, las columnas y las escaleras, rompió por primera vez a llorar: «Me mandó pájaros, aquella mujer y, pensando en él y viendo la inmensidad de la Almudena, sonó de fondo My way de Frank Sinatra, su canción favorita en el mundo. No me derrumbé porque mi amiga Jimena me sostuvo. Fue muy fuerte que nuestra historia terminara así».

Magdalena Menchero y su hija Rosa en la misa recuerdo a Carlos Marín, el 3 de junio de 2022.

Gtres

Si hay un motivo por el que Sofía ha pensado profundamente si conceder o no esta entrevista es por el sumo respeto que le guarda a quien fuera su pareja y la familia de éste: «Lamento muchísimo lo que están pasando en conjunto e individualmente. Yo no me imagino la fortaleza que ha de tener, sobre todo su madre, para poder lidiar con una pérdida así de inmensa. La presión social que deben sentir… Les mando no sólo mi respeto y mi amor incondicional, sino también el deseo de que esto se les haga sólo un mal recuerdo dentro de poco y esto no prolongue más su luto. A toda la familia Marín Menchero, mi amor y mi respeto».
«Su hermana me mandó un mensaje de WhatsApp desde el número de Carlos, imagínate el vuelco que me dio el corazón. Le dije a Rosi que me daba mucho gusto que ella tuviera su teléfono y le mandé un abrazo. Con ninguna de ellas he hablado nada de nada», declara.
[Geraldine, la exmujer de Carlos Marín: «Voy a hacerle un gran homenaje y habrá sorpresas muy bonitas»]
En la guerra que mantiene la exmujer de Marín, Geraldine Larrosa, con la familia del artista, Sofía prefiere no entrar aunque tiene clara su postura. «Lo único que puedo decir es que lo que está haciendo es deplorable, te lo digo tal cual, sin pelos en la lengua, como buena mexicana. No entiendo ni entenderé cómo una persona que dice querer a la familia de Carlos puede hacer algo así. No tiene sentido lo que dice con lo que hace, con lo que piensa y con lo que actúa. Dice que lo quiere dejar en privado y en familia, pero ni lo hace privado ni es su familia. Diciéndolo muy tajante, imagino que está muriéndose de hambre para tener que denigrar así su propia imagen a cambio de tener un beneficio o interés monetario», concluye, tajante y valiente Sofía Vigiola.